UNA SEMANA EN LA CALLE

Llevo una semana en la calle. Parece que han pasado años desde que me dio el infarto, desde que me hicieron el cateterismo, desde que me dieron el alta, pero solo ha pasado una semana desde que me dieron el alta.

Todavía no tengo conciencia de lo que me ha pasado, de la gravedad del IAM, del cambio que se debe producir en mi vida. Todavía tengo la esperanza que todo volverá a ser como antes.

Todos me dicen que estoy muy bien -deben ser mentiras piadosas- pero yo me veo en el espejo y no me gusta lo que me devuelve. Estoy demacrado, desmejorado, acojonado. Me imagino que es normal, que se debe pasar con el tiempo, pero como decía Mandela este miedo lo voy a conquistar como he hecho toda mi vida.



No hay que vivir con miedo pero no hay que vivir sin él. En esta etapa voy a necesitar tiempo para adaptarme, para saber hasta dónde puedo llegar, pero seguro que lo voy a conseguir. Es difícil volver a aprender a vivir, pero es absolutamente necesario tomar la decisión de hacerlo.

Y muchas veces me pregunto: