LUNES, 23 DE FEBRERO, EL GOLPE

Todo el mundo rememora aquel 23-F, del golpe de estado fallido. Para mi es mi primer día en libertad después del infarto que sufrí el día 19.

Llevo, por tanto, 5 días sin fumar. Hoy han venido a verme mi madre y mis hermanos. Todos llevamos el macuto del tabaco en los genes. Mi padre fumaba y murió por el tabaco. Mis hermanos y yo fumamos. De los cuatro que somos, el segundo y el cuarto se plantean dejarlo. El tercero y yo somos muy cabezones y nos reímos y consideramos a los que lo dejan como esquiroles. 

No voy a moralizar. No lo he soportado nunca. Pero yo voy a decidir, decidí, que por sedentarismo y por tabaquismo no me vuelven a ver el pelo los cardiólogos. Espero, estoy seguro, poder mantener esta promesa. Se acabó, he estado 38 años fumando y me propongo vivir otros 38 sin fumar. Ya llevo 5 días. Jamás lo había dejado, jamás lo había intentado, jamás había leído nada sobre dejar de fumar o cómo dejar de fumar.

No es fácil, el mono lo estoy pasando, pero lo estoy pasando sin ninguna ayuda. Me lo he planteado así:


      - Metas cortas: de día en día. Pensar que he dejado de fumar para toda la vida es demasiado para poder digerirlo, así que me lo planteo de día en día y si la cosa es muy dura, hasta la hora de comer; después, hasta la hora que me acueste, y así paso un día más sin consumir.

     - Me he comprometido a hacer ejercicio diario. Primero porque me interesa y me conviene para mi afección cardiaca, pero también porque es una forma de desfogar, de desconectar, de oxigenar. Llevo muchos años sin hacer nada de ejercicio, así que poco a poco y despacito, pero con constancia.


     - Calmar la ansiedad que me produce el síndrome de abstinencia con agua. Ir al frigorífico y beber agua, un tragito pequeño, no me importa ir muchas veces. Se que cada vez iré menos y mas espaciadamente. Beber líquidos es muy bueno, pero cada vez que lo necesite no puedo beber mucho porque sería contraproducente. Y de vez en cuando me doy un carprichito de comer algo de chocolate. He descubierto unas almendras, avellanas y trozos de fruta recubiertas de chocolate que me parecen un bocadito espectacular. Los frutos secos, además, van recubiertos de canela. Y si la ansiedad es muy fuerte, me voy a la calle y uso un cigarrito de menta de farmacia.

Me da un poco de envidia saber que hay gente que ha podido tomar algo para que le sea más facil dejarlo e incluso han podido contar con la ayuda de terapia. A mi no me ha dado tiempo, ha tenido que ser aquí te pillo aquí te mato. Espero estar haciéndolo bien. Lo comprobaré con el tiempo. 

EL ALTA

Domingo, 22 de febrero de 2015, amanece pronto, una ducha y a esperar el día. Me dijeron que hoy me daban el alta, estoy deseando que me manden para casa. Quiero volver a la normalidad, a mi vida de antes del día 19.

Empiezan a pasar las horas y nadie me dice nada. Preguntamos, nadie sabe nada. Hay un fallecimiento en la planta y acojona un poco. Juan, el compañero de habitación, medio bromea con el acojonamiento que seguro que tiene, como todos.

Mi mujer, mi apoyo, no se aleja de mi pero no puedo contarle todavía lo que me pasa, lo que siento, lo que pienso. No se lo puedo contar porque no lo se ni yo. Esta entrada la estoy escribiendo el 8 de mayo, recordando aquel día en el hospital.

Me he impuesto hacer este diario para recordar lo que viví y ver si me puede ayudar y si puede ayudar a otros. Pero todavía no se si lo haré público.

Bien, íbamos por el alta. Nada, la hora de comer y siesta. No hay nada del alta!!!!!! Volvemos a preguntar y nos dicen que si, que solo falta hacer el informe y que nos vamos para casa. ¡No me lo podía creer! Pero aunque nos íbamos para casa, ya nada iba a ser igual que antes. Imagino que tendrá que pasar un tiempo para que las cosas se aproximen a lo que eran antes.

Llegamos a casa, veo a mis hijas y por fin otra vez todos juntos, ¡qué susto! ahora a ver cómo se desarrolla esta nueva etapa de mi vida. 

3er. DÍA POST INFARTO, PARECE QUE ESTO REMONTA

Hoy es el tercer día después del infarto. Parece que este remonta. Hasta después de comer no me llevaron a la planta de cardiología. En una habitación donde estabamos tres enfermos. El más jóven era yo, luego estaba Juan de 72 años que le tenían que hacer una operación delicada en el corazón. Dicharachero y risueño. Y estaba Fermín, de 82 años, leído, más serio, de izquierdas, senderista.

Tengo sentimientos encontrados. Parece que llevo aquí una infinidad de tiempo y a la vez estoy deseando de irme. No me siento a gusto y estoy de maravilla. Me gusta y lo odio. Esa tarde estaba incómodo conmigo mismo, desajustado. Lo más excitante que hicimos mi mujer y yo fuer pasear por el pasillo de la planta. La noche la pase regular, me desperté muchas veces y no conseguí dormir del tirón como a mi me hubiera gustado.

Mis compañeros de habitación son completamente distintos y distantes, Juan lleva 12 días esperando la operación; Fermín, algo menos esperando que le hagan pruebas. Aunque entro en el juego de normalidad y conversaciones de la habitación, estoy muy lejos de allí. Sobre todo preguntándome por qué a mi, que hice mal y como solucionarlo. Pero estas preguntas las contestaré en otra entrada.

2º DÍA, 20 DE FEBRERO

La noche fue larga. Dormí poco y estaba muy cansado. A las 8,30 tenía programado el cateterismo. Mi mujer estaba puntual y me prepararon pronto para la angioplastia. 

Me pusieron anestesia local y empecé a notar una presión en el antebrazo, a la altura del codo. Cuando lo comente me dijeron que me iban a poner un calmante. Decidí relajarme, estaba en buenas manos y vería por la "tele" que me estaban haciendo. Pero, ¡me dormí! y no pude ver nada. Cuando me despertaron todo había pasado.

Me subieron a la habitación de reanimación cardíaca. Allí estuve hasta el sábado por la tarde que me llevaron a la planta de cardiología.

En esta unidad estuve en observación, hasta que orine y pude levantarme. La progresión fue buena pero mi tensión estaba muy bajita. Debía beber mucha agua. La noche la pase bien, maldurmiendo porque pasaban las enfermeras muchas veces para hacer el seguimiento. Pero como por el día también echaba cabezaditas, no me importaba. Darse una vuelta en la cama era lo más complicado por los muchos cables y vías que tienes, ja,ja,ja,ja.

Mi mujer estuvo todo el tiempo posible conmigo y después de comer me llevaron a la planta de cardiología. Y eso lo contaremos mañana.

EL PRINCIPIO

19 de ferbrero de 2015, 6 de la mañana. Me despierta una molestia que no identifico. Me levanto, me voy al baño. Siento que estoy mareado, que tengo angustia y que tengo un nudo que no me deja tragar. Bebo agua, para ver si se me pasa. Cojo del frigorífico un poco de chocolate y no me entra, lo tengo que escupir. Me acuesto pero sigo muy mareado y con mucha angustia.

Así me voy a pasar todo el santo día. El peor día de mi vida. 

A las 7,15 mi mujer se levanta, me pregunta como estoy y me dice que o he cogido un gripazo monumental o estoy con una gastroenteritis de caballo.

Se va a trabajar. Mis hijas se levantan y se van al colegio. Paso la mañana mal: de la cama al salón y del salón a la cama. No estoy bien en ningún sitio. En la cama muy mareado, en el sofá algo mejor pero con mucha angustia. Bomito hasta la primera papilla que me dio mi madre.

Llega la hora de comer. No podía hacer nada. Cuando viene mi hija pequeña le mando a comprar un pollo asado. Se pone a comer. La tercera manzanilla que me hago ya no me entra. Desde la cama oigo como come y me dan arcadas. Esto no va bien, no se desarrolla como una gastroenteritis normal, ya tenía que haber mejorado.

Me quedo dormido un rato y la tarde avanza. Hacia las 6 mi mujer me dice que nos acerquemos al médico de familia.

Allí me ponen primperam, me hacen un electro y me realiza preguntas que veo que van dirigidas hacia un posible infarto.

Como no se ve nada en el electro, mi médico (Marta), al ser varón, mayor de 50 y con antecedentes de muerte por infarto de mi padre,me recomienda ir al hospital a que me realicen un análisis de encimas para ver si hay daño cardíaco.

Allí me realizan el bendito análisis, me quitan el mareo y la angustia y cuando salen los resultados me dicen que me he ganado un finde con gastos pagados en el hospital y un cateterismo para el día siguiente para ponerme un stent. Llaman a mi mujer, me ingresan y paso la primera noche en el hospital acojonado y sin dormir, como mi mujer.