Empiezan a pasar las horas y nadie me dice nada. Preguntamos, nadie sabe nada. Hay un fallecimiento en la planta y acojona un poco. Juan, el compañero de habitación, medio bromea con el acojonamiento que seguro que tiene, como todos.
Mi mujer, mi apoyo, no se aleja de mi pero no puedo contarle todavía lo que me pasa, lo que siento, lo que pienso. No se lo puedo contar porque no lo se ni yo. Esta entrada la estoy escribiendo el 8 de mayo, recordando aquel día en el hospital.
Me he impuesto hacer este diario para recordar lo que viví y ver si me puede ayudar y si puede ayudar a otros. Pero todavía no se si lo haré público.
Bien, íbamos por el alta. Nada, la hora de comer y siesta. No hay nada del alta!!!!!! Volvemos a preguntar y nos dicen que si, que solo falta hacer el informe y que nos vamos para casa. ¡No me lo podía creer! Pero aunque nos íbamos para casa, ya nada iba a ser igual que antes. Imagino que tendrá que pasar un tiempo para que las cosas se aproximen a lo que eran antes.
Llegamos a casa, veo a mis hijas y por fin otra vez todos juntos, ¡qué susto! ahora a ver cómo se desarrolla esta nueva etapa de mi vida.

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